INGREDIENTES:
- 150 gr de queso crema (tipo Philadelphia).
- 30 gr de azúcar glass.
- Raspadura de media vaina de vainilla (opcional).
- 120 gr de mantequilla.
- 40 gr de azúcar blanca.
- 40 gr de azúcar morena.
- 1 huevo talla L.
- 200 gr de harina de uso común.
- 15 gr de cacao puro en polvo.
- 1 pizca de levadura química (tipo Royal).
- 1 pizca de bicarbonato.
- 1 pizca de sal.
- 1 cucharadita de pasta de vainilla.
- Colorante en gel o pasta rojo.
- Azúcar glass
Comenzamos
preparando lo que será el relleno, porque tiene que estar congelado para que lo
podamos manipular bien. Como siempre todos los ingredientes a temperatura
ambiente.
Para ello, tamizamos el azúcar glass y lo batimos muy bien
con el queso crema y la raspadura de vainilla, si es que se la ponemos, hasta obtener
una crema sin grumos.
Con ayuda de dos cucharillas, vamos cogiendo porciones y las
vamos poniendo sobre una bandeja con papel de horno, como si fuesen bolitas o
croquetas.
Cuando las tengamos todas listas las llevamos al congelador.
Vamos a preparar la
masa de nuestras galletas.
En nuestro robot, con el accesorio pala o con unas varillas
de mano batimos la mantequilla con los dos tipos de azúcar hasta que conseguir
una pasta aireada, como uno 10 minutos.
Mientras en un bol, ponemos la harina, el cacao puro en
polvo, el impulsor, el bicarbonato y la sal y los tamizamos.
Una vez nuestra mantequilla está batida, incorporamos el
huevo y la pasta de vainilla hasta que esté bien integrado.
Seguidamente añadimos la harina tamizada con el resto de
ingredientes y veremos como va cogiendo consistencia.
Ya solo nos queda añadir nuestro colorante rojo, ir de apoco
hasta obtener el color deseado. Si son de buena calidad, no hará falta mucha
cantidad. No usar colorantes al aguda del supermercado.
Haremos una bola con toda la masa y envolvemos en film, que
llevaremos al frigo una media hora para que coja algo de dureza.
Vamos a darle forma a las galletas, para ellos sacamos la
masa del frigo y la dividimos en porciones de unos 50 gr.
Hacemos una bola y aplanamos con la mano y en el centro
ponemos una bolita de crema de queso que tenemos congelada. Envolvemos con la
masa y redondeamos para que esté bien sellada y nos quede una bola.
Repetimos el proceso con todas las porciones y las llevamos
al congelador hasta que estén duras, entre media hora y 45 minutos.
Precalentamos el horno con calor arriba y abajo a 200º.
Pasamos nuestras bolas de galletas por azúcar glass para que
queden blanquitas y metemos al horno unos 20 minutos.
Al hornear veréis como va cogiendo forma y como se va
quedando una galleta craquelada y bonita.
Pasado este tiempo sacamos del horno, dejamos reposar sobre
la bandeja 5 minutos y pasamos las galletas a una rejilla hasta que estén
completamente frías.
Ya tenemos nuestras galletas rellenas listas.
La verdad es que están mucho más buenas cuando han pasado al
menos un día por ellas.
Las conservamos en una lata para que no se pongan blandas,
aunque es una galleta de textura crujiente por fuera y abizcochada por dentro.
¡Me encanta esta textura en las galletas!